“Video Killed the Radio Star” sonó como una sentencia. En 1979, The Buggles pusieron palabras y melodía a un temor recurrente en la historia de los medios: la llegada de una nueva tecnología que promete borrar a la anterior. Dos años después, esa canción inauguró MTV y convirtió al videoclip en el nuevo lenguaje de la música popular. Parecía que la imagen había ganado la batalla.

Durante los años ochenta y noventa, MTV fue más que un canal de televisión: fue una brújula cultural. Nos enseñó cómo se veía la música, cómo se vestían nuestros ídolos, cómo se movía una generación entera frente a la pantalla. Esperar el estreno de un video, grabarlo en VHS o descubrir una banda desconocida a medianoche formaban parte de un ritual compartido. La música tenía rostro, narrativa y estética.

Con el tiempo, algo se fue perdiendo. La programación musical dio paso a realities, la experiencia colectiva se diluyó y, finalmente, MTV dejó de ser el espacio donde la música vivía. Su cierre —o su transformación definitiva en otra cosa— no solo marca el fin de un canal, sino el cierre de una etapa en la que la música todavía se esperaba.

Mientras tanto, la radio seguía ahí. Silenciosa para algunos, constante para muchos. Nunca necesitó pantallas ni presupuestos millonarios para permanecer. Bastaba una voz, una canción y la complicidad de quien escucha. La radio fue refugio, compañía nocturna, despertador de madrugadas y banda sonora de viajes interminables.

En la era del streaming, cuando todo está disponible al instante, la radio conserva algo que parece anacrónico pero profundamente humano: la sorpresa. Alguien decide por nosotros, alguien nos habla, alguien nos acompaña. No hay algoritmos que reemplacen del todo la emoción de escuchar una canción inesperada o una historia contada en tiempo real.

Paradójicamente, el video no mató a la radio. Tampoco lo hizo el streaming. Lo que desapareció fue la ilusión de que la tecnología avanza en línea recta. La música cambió de soporte, de formato y de ritual, pero no de necesidad. Seguimos buscando emociones, recuerdos y compañía en el sonido.

Hoy, cuando MTV es un recuerdo y la radio sigue transmitiendo, Video Killed the Radio Star se escucha distinta. Ya no como una advertencia, sino como una metáfora del cambio constante. Algunos medios se apagan; otros se transforman. Y la radio, fiel a su esencia, continúa sonando… como un eco persistente de lo que fuimos y de lo que aún somos.

por Mervin

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