Votos por palmadas

En 1989 Dinamarca legisló las uniones civiles entre personas del mismo sexo. Quizá sea ésta la primera acción concreta de reconocimiento de derechos ciudadanos de una población LGBT+ en el mundo moderno.

Que a más de tres décadas de aquel hecho haya políticos que pretenden convencer al sector de la diversidad sexual de confiar en sus proyectos con meras alusiones al hecho de su existencia, sin propuestas definidas, es una franca burla o un grave desconocimiento.

Ésta fue la tónica de la campaña de Carolina Viggiano -candidata de la coalición PAN-PRI-PRD a la gubernatura de Hidalgo-, quien entre febrero y marzo -es decir, fuera de los tiempos oficiales de su campaña- se reunió con dos grupos de la diversidad sexual -a iniciativa de ellos-, para después olvidarse por completo del sector durante su campaña.

Recordó en sus redes sociodigitales el Día del Niño, del Trabajo, de la Madre, del Maestro y hasta el de Star Wars, pero ignoró por completo el Día Contra la Homofobia. Y tras haber firmado -justo ese día- un compromiso con grupos opositores a las familias homoparentales, a pregunta expresa de un periodista afirmó ambiguamente su reconocimiento a la libertad de expresión y el derecho a la no discriminación de todas las personas.

Por su parte, Julio Menchaca -el aspirante de Morena-PT-Nueva Alianza-, siguió una línea similar, si acaso un poco más abierta, al publicar en sus redes, a lo largo de su campaña, imágenes de grupos desplegando banderas gays y trans en sus eventos, pero sin hacer una mención explícita de su presencia. Pareciera que son esas personas las que buscan acercarse al candidato y no al contrario.

A diferencia de Viggiano, sí recordó la conmemoración del 17 de mayo, pero -de nuevo- sin asumir una responsabilidad efectiva de abordar y solucionar -o al menos reducir-, mucho menos prevenir, los problemas que afectan a la población sexualmente diversa del estado.

Fue pocos días antes de cerrar su campaña que se reunió con algunos grupos de la diversidad sexual durante un evento de Morena, con quienes firmó un documento elaborado en la Secretaría Nacional de Diversidad Sexual de ese partido, por lo que no es necesariamente representativo de los intereses y necesidades de las personas LGBT+ de Hidalgo en general.

Tanto en el caso de Viggiano como en el de Menchaca cabe la pregunta: y la ciudadanía LGBT+ hidalguense que no está organizada colectivamente ni en una OSC ni en un partido político, ¿dónde queda?, ¿cómo buscaron acercarse a ella?

De los candidatos de Movimiento Ciudadano y el PVEM no hay nada que decir; la diversidad sexual resultó por completo inexistente en sus campañas.

Podría alegarse que dentro de los sectores de las mujeres, los campesinos o los indígenas (algunos de los grupos más mencionados por los cuatro candidatos), hay personas LGBT+; que éstas también tienen necesidades en torno a la salud, la seguridad, el trabajo, la educación (algunos de los temas más recurrentes en las cuatro campañas), pero también es cierto que las personas sexualmente diversas, en tanto tales, aún tienen problemáticas que -sumadas a las otras áreas de sus vidas- complican su desarrollo pleno como ciudadanos.

            Ya basta de seguir aceptando y justificando discursos vacíos de sentido que sólo sirven a candidatos, funcionarios y servidores para lucirse abiertos con un tema que ni entienden ni les interesa. Si la diversidad sexual del estado realmente desea constituirse como un movimiento político -y no partidista- serio, es necesario comenzar a proponer y exigir acciones razonadas y realmente críticas que deriven en beneficios reales para toda la comunidad y no en meras palmadas en los hombros de unos cuantos.