Un año de Rescata La Maestranza

Por: Colectivo Rescata La Maestranza

Parte 1: La Rodada por la Memoria

Si algo hemos aprendido durante este año, es que La Maestranza pertenece a toda una red de elementos vinculados a la memoria; es como una constelación fantasmagórica de patrimonio histórico (tangible e intangible) que en su mayoría se encuentra olvidado, abandonado y cerrado para los habitantes de la ciudad; que cuenta con 500 años de historia de explotación minera de innegable raíz esclavista y colonial, de la que los cronistas oficiales pasan de largo, pero que configura nuestro inconsciente social determinando el presente. Hoy habitamos una ciudad que creció disparada hacia el sur sin ninguna regulación coherente, en completa opacidad y sin conexión aparente con las capas de historia que la construyeron. 

La primera Rodada por la Memoria ocurrió el domingo 30 de mayo del 2021, en el marco del primer aniversario del Colectivo Rescata La Maestranza, el cual es una red de personas, colectivos y organizaciones en pro del rescate de la memoria colectiva de la ciudad en la apuesta por reimaginar el presente y el futuro. El colectivo surgió cuando en pleno inicio de la pandemia la ciudadanía se percató de los trabajos de limpieza que se estaban llevando a cabo dentro del predio donde se encuentra la nave; en donde estaban los talleres que sirvieron durante muchos años como espacios para la fabricación de herramientas mineras y la formación de jóvenes, cuando la compañía Real del Monte estaba en manos norteamericanas.

La ruta trazada para la rodada incluyó diversos edificios con valor histórico, mismos con los que día a día convivimos; y de los cuales, desconocemos su valor cultural y relevancia como parte de la identidad de la ciudad. La ruta recorrió 21 edificios históricos de los más de 500 que existen solamente en el centro de la urbe. El punto de salida fue el Cuartel del Arte, de ahí paramos también en la Casa Rule, el Barrio de la Españita, el Museo del Ferrocarril y llegamos a las puertas de la Maestranza donde el grupo ciclista habló sobre cómo, después de que el INAH descatalogó a la nave como monumento histórico, se agotaron los recursos del juicio de amparo y de la reiteración para entablar un diálogo público con el dueño, el actual Secretario de Turismo del gobierno estatal: Eduardo Baños Gomez.

Punto en encuentro: Cuartel del Arte

Es domingo a las 4 de la tarde, en unas horas el Cruz Azul jugará la final contra el Santos y ganará su noveno título tras veintitrés años de sequía, sus aficionados más que reír, lloran. Poco a poco llega la gente al punto de encuentro, entre los personajes aparece una familia montada de tres bicicletas Vagabundo, esas que se usaban en los años sesenta con altos manubrios y una rueda trasera más grande que la delantera. Se han juntado unas cincuenta personas, entre ellas hay niñas, niños, jóvenes, parejas, familias y periodistas. La mayoría porta cascos aunque también hay quienes usan gorras y cintas en la cabeza. Alguien más trajo una patineta y algunos otros decidieron caminar toda la ruta. 

Casa Rule, un sello postcolonial

Desde el Jardín Colón partimos hacia el norte de la ciudad que antes era el centro. El grupo va acompañado de una patrulla y varias motocicletas de policía, además de una ambulancia. La primera escala es la Casa Rule que ahora es la presidencia municipal. A sus puertas estaba la Plazuela de la Veracruz que fue escenario de batallas en tiempos de la Revolución Mexicana. La casa fue la casa de Francisco Rule, un patriarca post-colonial amigo de Porfirio Díaz, de los pocos mineros ingleses que realmente hicieron fortunas acá; logró consolidarse en el poder gracias a una trayectoria que inició como Charro Negro de las policias mineras que operaban en ese entonces. Alguien en el grupo comparte, casi como chisme, que a un lado de la presidencia en la escuela Francisco de Siles, aún está una de las enormes campanas metálicas usadas por los españoles para fundir los metales en tiempos coloniales.

De ahí seguimos con el sol en las espaldas por la calle de Morelos, pasamos frente al Mercado Primero de Mayo, con sus banquetas que a esta hora lucen mojadas por la gente que limpia la basura de la jornada y aún con muchos peatones que dominguean. La gente mira sorprendida, algunos dicen: “Mira, son los de las biclicletas que te dije”, otras personas hasta saludan. Entre el forcejeo de las combis y los autos, entramos a la calle de Venustiano Carranza y nos detenemos intempestivamente ––pues esta no era una de las paradas marcadas en la ruta–– en las Cajas Reales.

Las Cajas Reales y el patrimonio como estacionamiento

Las Cajas Reales, fueron uno de esos edificios fortalezas construidas en el siglo XVII que sirvieron para guardar la plata y el oro antes de que fuera llevada a la Ciudad de México, y después hacia otros territorios más allá de los océanos. Podríamos afirmar que siempre han estado cerradas a la ciudad.

Frente a las Cajas Reales estuvo la Inspección de Policía, un edificio del siglo XIX que imitaba el estilo colonial y durante la inundación de 1949 sus muros fueron arrasados por el agua que ahogó a las personas que encontraban en los separos, detenidas por delitos menores. En los años ochenta,  tiempos del gobierno de Rossell de la Lama, la Inspección de Policía fue  derribada junto a la Colonia Americana que tenía casas para los trabajadores extranjeros de la Compañía Real del Monte. Como es una constante en el patrimonio de la ciudad, todo lo convirtieron en un estacionamiento.

Nubarrones en el Barrio de La Españita

Seguimos por la Calle de Venustiano Carranza hasta la entrada de El Barrio de La Españita. uno de los barrios mineros fundacionales de la ciudad. Antes pasamos por el fantasmagórico Museo de Minería, un inmueble desperdiciado que está cerrado desde los noventa, acumulando basura debajo de los pirules de sus patios.

Llegamos a la Españita, nos detenemos en los arcos a un lado de la cancha, en un espacio que parecería el estrado de un teatro romano, solo que aquí las tribunas son los cerros con el mosaico caótico de colores y casas. Se habla de sus habitantes, de las cantinas que dieron origen a barrios de estos barrios y los ciclistas voltean a su alrededor, como quien mira algo por primera vez y se sorprende.

En este punto se conectan las barrancas de El Tulipán y Camelia, por donde viene el cauce del Río de las Avenidas que ahora fluye debajo del viaducto Nuevo Hidalgo. El grupo comparte historias sobre las haciendas de beneficio de patio y Bartolomé de Medina, el sevillano que desarrolló el método de patio para separar los metales a través del mercurio, la sustancia que era uno de los monopolios más controlados por la colonia española. Aquí estaban los llamados molinos de sangre, donde trabajaban en la superficie los esclavos africanos y, debajo de la tierra en condiciones infrahumanas, las poblaciones indígenas. Como sabemos, el mercurio se metía en el cuerpo hasta provocar temblores, convulsiones y la muerte.

Museo del Ferrocarril: una batalla ciudadana ganada

Una nube negra que desde hace rato se asomaba por las montañas del oriente  se hace presente y amenaza con un aguacero. Nos apresuramos mientras las gotas comienzan a caer, avanzamos hacia la calle de Guerrero. Algunos en el grupo van más rápido que otros. Las motos de los policías a veces se retrasaban y los ciclistas comenzaban a cerrar el paso a los automovilistas del domingo por la tarde que no están acostumbrados a ver tantas bicicletas juntas.

El aguacero no nos siguió. Llegamos hasta el Museo del Ferrocarril, donde se habla de cómo hace algunos años, alguien quería hacer aquí un centro comercial y por fortuna se convirtió en un espacio cultural para la ciudad, aunque a veces no se entiende mucho cómo y para qué sirve fomentar la cultura en este lugar. También se habló de una foto que ha circulado en redes sociales, con la calle llena de jinetes y hombres con sombrero recibiendo a Francisco I. Madero.

La Maestranza, una oportunidad descatalogada para la ciudad

Llegamos hasta las puertas de La Maestranza. Espontáneamente el grupo baja de sus bicicletas y coloca en la puerta y en el candado, los stickers que fueron repartidos al inicio del recorrido y enuncian la frase: “Mi Maestranza: rescatemos la historia”. También de manera espontánea las personas toman la palabra, dan voz a los motivos y emociones que los hicieron venir el día de hoy. Algunos vecinos se acercan, escuchan con atención y se muestran de acuerdo con lo que se habla en las banquetas, que tiene que ver con la situación actual, con las obras que se realizan en su interior y la falta de transparencia sobre el proyecto que se ejecuta, con los recursos legales agotados debido a que el INAH Hidalgo retiró de su catálogo a la nave con el argumento de haberse construido en el siglo XX. Se habla también de los escenarios posibles, donde La Maestranza podría convertirse en un Monumento Histórico protegido por la UNESCO, reconocerse como un espacio icónico para la ciudad, que transformaría la vida cotidiana de sus vecinos pero también de todos los habitantes de Pachuca, aportando una función social para la  recreación, el esparcimiento, la identidad y la cohesión social. Toca a toda la ciudadanía defender La Maestranza.

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