Marcos Conceptuales en Sistemas Socioecológicos, un breve acercamiento


Por lo general, la utilidad de un marco conceptual es proporcionar un acercamiento integral para abordar un fenómeno social partiendo de un conjunto de conceptos que guardan cierta relación entre sí. Y estos, a su vez, comúnmente son guiados por una o varias teorías. Dentro del marco conceptual se incorporan las principales definiciones relacionadas con el problema en estudio y sus principales características. Es decir que, acorde al fenómeno de estudio, es cómo se establecerá el marco más apropiado para tratarlo.

En este sentido, debido a la extrema complejidad de las problemáticas socioambientales, y que estas se desarrollan a diferentes escalas, ya que una escala puede afectar o impactar una problemática a otra escala. Resulta necesario para su análisis contar con marcos conceptuales integrales y enfoques de tipo inter y transdisciplinarios. Es decir, interdisciplinario dada la cercana vinculación de diferentes disciplinas en la generación de conocimiento; y, transdisciplinario porque se busca generar soluciones a problemáticas desde la creación de conocimiento entre agentes académicos y no-académicos de diferentes disciplinas, otorgando procesos de aprendizaje conjunto (Spangenberg, 2011).

En el contexto de los sistemas socio ecológicos, los marcos conceptuales pueden ser categorizados desde su origen disciplinario, desde las escalas espaciales en las que operan, o bien, el desde su enfoque de conceptualización. En este último aspecto, se presentan dos categorías de marcos: antropocéntricos y ecocéntricos. En el primero los elementos del sistema ecológico se conceptualizan basándose en los beneficios que la sociedad recibe por su funcionamiento. En el segundo, la conceptualización se enfoca en el funcionamiento del sistema ecológico (Binder et al., 2013). De esta forma, dentro de los principales marcos conceptuales de los sistemas socio ecológicos pueden citarse los siguientes.

En primer lugar, el marco de servicios ecosistémicos que proporcionan diversos conceptos que buscan destacar los vínculos positivos entre el sistema ecológico y el sistema social. Es decir, son beneficios que los ecosistemas proporcionan a la sociedad como resultado de su funcionamiento (IPBES, 2019). Este marco tiene su origen en la economía ecológica, orientado a tratar de forma integra las interacciones y dinámicas entre los componentes de los ecosistemas, así como sus impactos propician beneficios para la población tales como alimentos, madera, polinización, control de plagas, la calidad del aire, fertilidad del suelo, belleza escénica, etc. Su finalidad es proyectar las funciones ecosistémicas y trasladarlas a múltiples entidades de valor para promover y asegurar su continuidad en el tiempo (Rincón-Ruiz et al., 2019).

En segundo lugar, el marco de los sistemas humano-ambientales, que se integra por conceptos y una guía metodológica para realizar el análisis de la estructura socio-ecológica de los sistemas y entender sus procesos y dinámicas a diferentes escalas (Scholz et al. 2011). En este marco se conceptualiza al sistema social y ecológico como sistemas distintos pero a la vez complementarios, que se apoyan de forma recíproca (Scholz y Binder, 2004). En resumen este marco contribuye al entendimiento de los mecanismos que dependen de la acción del ambiente a partir de las múltiples relaciones con el sistema social en sus diferentes niveles, destacando los mecanismos para establecer acciones dirigidas hacia su sostenibilidad (Scholz y Binder, 2004).

En tercer sitio, el marco de Análisis de flujos de materia y energía (MEFA), que tiene como propósito estudiar el intercambio continuo de materia y energía entre la sociedad y la naturaleza. Lo anterior, por medio del modelo de fondo-flujo, que busca representar los procesos de producción y consumo en términos de flujos de energía y materia que ingresan al sistema para ser transformados dentro de sus diferentes procesos socioeconómicos (Giampietro et al. 2009). Esto permite dar números a los flujos e identificar trayectorias ambientales probables para minimizar el impacto de las actividades humanas en la naturaleza.

En cuarto lugar, el marco de Medios de vida sostenibles, que está orientado a los medio de vida locales. Pues estos incorporan todas las capacidades de un sistema que se mantienen a través del tiempo y permiten al sistema recuperarse sin afectar la base de recursos naturales (Serrat, 2017). Aquí, el sistema social es conceptualizado a partir de: capital humano (aprendizajes, conocimientos, aptitudes y habilidades orientados al bienestar), capital social (redes, acuerdos, normas, valores y formas de cooperación entre individuos), capital natural (biodiversidad, agua, suelos, etc.), capital físico (activos físicos del sistema para reproducirse), y de capital financiero (activos financieros).

A continuación, el marco de vulnerabilidad, que se orienta a identificar y analizar la vulnerabilidad de poblaciones ante cambios socioambientales y los riesgos relacionados con estos; así como factores que impulsan o reducen estas vulnerabilidades. Aquí, la vulnerabilidad es entendida como “el grado en el cual un sistema, subsistema o componente de un sistema tiene la probabilidad de experimentar un daño debido a la exposición a un riesgo o a cualquier perturbación o estresor” (Turner, 2003). De esta forma, el sistema social es entendido desde las condiciones humanas, mientras que el sistema ecológico es conceptualizado desde los componentes ambientales que pueden producir riesgos para la sociedad (clima, suelos, mareas, etc.) (Binder et al., 2013).

En sexto lugar, el marco de sistemas socio-ecológicos, desarrollado para abordar el estudio de la gestión de recursos naturales de uso común. Este marco tiene su origen en la convergencia entre la teoría política y la economía institucional, formándose un esquema que avanza hacia la acción colectiva (Partelow, 2018). En el marco de Sistemas Socio-Ecológicos se considera a los agentes como usuarios de recursos naturales, los cuales llevan a cabo su mantenimiento a partir de reglas, monitoreo y procedimientos establecidos en un sistema de gobernanza, bajo determinados contextos sociales, políticos y económicos (Binder et al 2013).

Finalmente, el marco de evaluación de sistemas de manejo con indicadores de sostenibilidad (MESMIS), es un marco que permite identificar puntos críticos y evaluar el estado del sistema socio-ecológico a partir de indicadores asociados a siete atributos sistémicos (Masera et al. 2000). La conceptualización de los sistemas social y ecológico se realiza por medio de la identificación de puntos críticos y de indicadores asociados a los atributos sistémicos (Arnés y Astier, 2018). Estos atributos son las propiedades que le permiten a un sistema de manejo ser sostenible y que, a su vez, se enmarcan en las dimensiones social, económica y ambiental (Masera et al. 2000). Los puntos críticos son aquellos procesos que inciden en la sostenibilidad del sistema, y son identificados de manera participativa con los actores involucrados. Una vez se efectúa la evaluación del sistema, se proporcionan las recomendaciones orientadas a la acción, lo cual da paso a un nuevo ciclo de evaluación una vez atendidas las acciones observadas.

De momento aquí le dejamos, como aviso de ocasión, escucha Cabaret de galaxias #21, gran selección aquí:  https://open.spotify.com/playlist/3ZAigu6BTfinbuihkL0hD5?si=357a8775dabc4c2e, propia de la categoría del Mtro. Hidalgo.