La Línea 12: golpe a la colectividad

El Metro de la Ciudad de México es casi un segundo hogar para millones de personas. No sólo de la capital del país, en ese sistema de transporte se trasladan, incluso diariamente, pasajeros de estados aledaños: más del Estado de México, pero también de Hidalgo, Morelos y Puebla.

El Metro es crucial para la movilidad de la capital del país. Si no existiera, las calles y avenidas de la Ciudad de México ya hubieran colapsado. El transporte público que se mueve sobre las vías terrestres no es suficiente y los automóviles privados que transitan por sus saturadas calles no alcanzan para trasladar a los millones de usuarios que diariamente trabajan en la zona metropolitana.

Por eso la tragedia de la Línea 12 es un duro golpe para la colectividad. Para quienes usan el sistema de transporte público, que son la mayoría en una ciudad que también sufre de las desigualdades que se multiplican en todo el territorio nacional.

Una forma de reducir los efectos de la concentración de la riqueza es que los gobiernos inviertan en los bienes públicos. Si una ciudad tiene servicios de calidad, la gente que no tiene ingresos suficientes compensa esa carencia y mejora su nivel de vida. Por el contrario, si una ciudad tiene un sistema de transporte inseguro e ineficiente, el ciudadano promedio ve caer su calidad de vida.

No es exagerado decir que millones de personas pasan años de su vida en el transporte público de la Ciudad de México. La ubicación de los centros de trabajo obliga a millones a trasladarse desde el norte y oriente hacia el poniente y centro de la capital y su zona conurbada. Y eso incluye a estados circunvecinos.

Por eso las víctimas de la falta de mantenimiento e inversión en el transporte público son quienes tienen menores ingresos. Quienes tienen dinero suficiente para comprar un automóvil seguirán invirtiendo para trasladarse sin riesgos. No importa que tarden horas en interminables embotellamientos.

Esa es parte de la tragedia de la que fuimos testigos la noche del lunes 3 de mayo.

La falta de interés en el Sistema de Transporte Colectivo Metro, de parte de la clase política que gobierna la Ciudad de México desde 1997 es, a final de cuentas, un desdén a las clases desfavorecidas que supuestamente son su prioridad.

Una evidencia de que han olvidado invertir en quienes son su bandera política. ¿Dónde queda la máxima de “Primero los pobres” si no pueden mantener a flote un bien público tan preciado por millones con ingresos insuficientes?

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