La dictadura de la paradoja

La pandemia por el Covid-19 nos ha lanzado a vivir tiempos paradójicos, donde el absurdo se ha convertido en la regla de nuestra vida cotidiana. Según el Diccionario de la Lengua Española (consultado en línea), una paradoja es un “hecho o expresión aparentemente contrarios a la lógica”.

Otra fuente, el Diccionario de retórica y poética de Helena Beristaín, explica que paradoja es una figura de pensamiento “que altera la lógica de la expresión pues aproxima dos ideas opuestas y en apariencia irreconciliables, que manifestarían un absurdo si se tomaran al pie de la letra (…)”.

Encuentro que ambas definiciones se ajustan a los tiempos que nos toca vivir. Ayer platiqué con Antonio Jasso, propietario de un bar en Pachuca, al cual suelo (solía) llegar para desperdiciar horas de sueño y hablar de cualquier cosa.

Toño está preocupado porque no hay certeza alguna de cuándo podremos volver a la normalidad. Resulta difícil definir normalidad, pero en términos prácticos para Toño significa saber cuándo podrá abrir su bar, lo cual no es ninguna frivolidad si tomamos en cuenta que es su negocio y que de ahí vive.

Al hablar con él una palabra venía a mi mente: paradoja, por el absurdo que está viviendo. El caso de Toño y su bar son un ejemplo claro. Vaya contradicción: su bar tiene que permanecer cerrado para evitar contagios, pero al mismo tiempo tiene que pagar renta, cumplir con sus obligaciones fiscales, mantener su plantilla de trabajadores y obtener suficientes ingresos para sus gastos personales.

Me platicaba que el propietario del lugar en el que tiene su bar puntualmente le exige la renta. Desoye sus argumentos respecto a que no tiene ingresos. Lo más que ha hecho es darle un descuento de 15 por ciento. Esa misma situación contraria a la lógica la viven quizá miles en Hidalgo y otros estados cuyos gobiernos han impuesto la draconiana medida de mandar cerrar todo para evitar que la población siga contagiándose del maldito virus. Lo cual es razonable cuando nos enteramos de todas las muertes, cada vez más cercanas a nosotros y de que los hospitales están hasta el tope.

Pero a Toño y a los demás propietarios de bares, restaurantes, comercios, ¿quién les ayuda? La respuesta es nadie: que se rasquen con sus uñas. Ya sabemos que el gobierno federal optó por lanzar a quienes tienen esos negocios a su propia suerte y lo mismo hicieron sus contrapartes locales.

Así que hoy nos encontramos sometidos a esa paradoja. Nos levantamos por la mañana y el virus ahí sigue, debemos seguir encerrados.

Quienes tenemos la fortuna de poder trabajar en casa sólo tenemos que preocuparnos de sufrir el síndrome del Día de la Marmota, que es despertar y vivir todos los días iguales. Así sucede en la película del mismo nombre: Groundhog Day, dirigida por Harold Ramis en 1993 y protagonizada por Bill Murray y Andie MacDowell. Pero quienes no pueden abrir sus negocios viven una perniciosa paradoja, un absurdo que hoy tiene al capitalismo viviendo en la contradicción.

Me despido de Toño y ambos aceptamos nuestra derrota frente a la dictadura de la paradoja.

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