Enrique Garnica y el desarrollo de los otros artistas

Una vez más una exposición de Enrique Garnica deja una marca con respecto del resto; el pasado viernes 24 de junio se inauguró XL, una retrospectiva de 40 años de trabajo, que se montó en El cuartel del Arte (en el centro histórico de Pachuca), un espacio que busca reivindicarse como el de mayor relevancia estatal tras un periodo de dar algunos bandazos en cuanto a calidad expositiva.

XL es un repaso al trabajo de un artista que con gran solvencia incursiona en diferentes técnicas. A través del tiempo, su obra ofrece segmentos temáticos que muchas veces se superponen; suele abordar religión, sexo, mujeres y política… en cada una, el autor ejerce siempre un sentido del humor bastante canalla y picante.

Ya se han generado notas y vendrán otras que se refieren con más o menos detalle específicamente a las piezas, por lo que me interesa hacer algunos apuntes a otro aspecto importante: ¿qué es lo que hace que un artista se desmarque del resto?; que viene acompañado a otro planteamiento: ¿qué tendría que hacer el resto para acortar las distancias?

Quizá sea un hecho incontrovertible que no todos los días aparecen artistas de excepción, pero tampoco es que en la escena estatal carezcamos de talento. Cuando en 2003, el público californiano contempló una colectiva de creadores hidalguenses, la pregunta recurrente que me hacían, en calidad de curador, era que si nuestro Estado se encaminaba para convertirse en una potencia plástica como lo es Oaxaca… tan sólo me quedaba el hacer un gesto de sorpresa y soltar un: bueno fuera; pero no existían en aquel entonces condiciones para ello y hoy nos encontramos ante un entorno todavía más problemático (debido a las pésimas políticas públicas aplicadas).

No me parece pues que el problema sea la materia prima; durante el proceso inicial de montaje de XL -de la que tuve la suerte de ser el museógrafo-, conversaba con Garnica y evocábamos el momento en el que Picasso era apenas un artista emergente y llevaba sus obras a los salones de “pintura moderna” con la esperanza de que las aceptaran y le dieran un lugar.

Picasso terminó por desesperarse y posteriormente rompería con ese sistema de exhibición y validación para los artistas, pero en el tiempo en que despuntaba tenía en claro que dicho sistema conducía a los noveles al éxito. No tardaron los impresionistas también en considerar caduco a lo institucional y mejor se organizaron para crear sus propias exposiciones.

Nos hallamos en 2022, cuando el pulso de las tecnologías de la información ha cambiado el contexto de circulación, y promoción del arte, pero al menos a bote pronto es difícil señalar que las condiciones estatales hayan contribuido a encaminar a nuevas figuras que, en su debido momento, tomen el relevo de Garnica.

Y es que debemos considerar también la gran capacidad de convocatoria que Enrique volvió a demostrar. Arrancó la difusión desde su trinchera y alcanzó a miles de personas que se enteraron, para que luego fueran cientos de ellas las que se acercaran a la inauguración. Hasta parecía que la Secretaría de Cultura tenía temor de convocar para el 24 y en su lugar promovían más bien que se le visitara entre junio y septiembre.

¿Acaso es Enrique Garnica el único que entiende el manejo de las redes sociales? ¿Podríamos pensar en otro artista que pudiera reunir a tal cantidad de personas en torno a la apertura de una exposición, sea retrospectiva o no?

Sin duda, serán los creadores plásticos quienes más tendrán que pensar en renovar o potenciar las estrategias de difusión, pero también el gobierno entrante tendrá que replantear su papel. Se sabe de sobra que a la clase política le encanta apropiarse de los triunfos de artistas y deportistas, cuando más bien se trata de esfuerzos individuales.

Habré de señalar que resta trabajar con mucha seriedad para que nuestro más grande artista ahora pudiera ser conocido y apreciado fuera de la entidad; que es algo que tiene por delante (aun cuando lleva terreno andado al respecto). Por eso, sea cual fuere, la administración cultural que llega tendrá que asumir el reto de ser un catalizador para el crecimiento de los creadores que muestren tamaños para llegar lejos.

Garnica es alguien que jamás se ha cruzado de brazos y que, con instituciones y sin ellas, ha mostrado el talento con el que cuenta, pero también hambre verdadera para consolidar su figura; ¿será que esa convicción inquebrantable… necia, es lo que ha faltado en el resto? Sin una ambición bien canalizada, sencillamente es mucho más complicado afirmarse en el mundo del arte.

Por su parte, los artistas deberán redoblar esfuerzos -los que en verdad lo quieran-, pero también las instituciones involucradas -con la Secretaría de Cultura por delante- tendrán que salir decididamente del marasmo en que se encuentran.

Hoy como siempre cala duro ese: muévete o muérete.