El sonido laberíntico de Iceage

Música que alivia. Sonidos protectores para un mundo que se desquicia. Música que salva. Brillo desde una oscuridad que muta. Capas sonoras que envuelven, que nos protegen de un futuro profundamente incierto. Hoy ha aparecido el nuevo disco de Iceage, banda danesa que habitó los terruños del punk profundo y que ahora, diez años después de su primer material, regresan con “Seek Shelter”, un disco de membranas múltiples, sonidos laberínticos y letras seductoramente impregnadas de lo ambiguo. Hace unos días conversamos con Elias Bender Rønnenfelt, letrista y cantante del grupo, sobre la historia del nuevo disco y los curiosos procesos creativos que lo antecedieron.

Al escuchar el “Seek Shelter” pude advertir que existe una intención por ligar las canciones y sus historias en un concepto completo ¿Estoy en lo correcto?

Me complace que encontraras cierta coherencia entre las canciones. Existe al menos un hilo conductor entre las letras. Suelo guardar la escritura de ellas hasta días antes de entrar al estudio y escojo cierto espacio para crearlas. En esta ocasión elegí un cuarto dentro de la oficina de un amigo en Copenhague. En esta dinámica además defino el tiempo en el que deben ser creadas estas letras con la intención de desarrollar una narrativa que se presente en las canciones, con la lógica de que todas fueron creadas al mismo tiempo y con una mentalidad similar, esperando mantener a todas dentro de una misma perspectiva.

Este proceso de escoger y usar un espacio ajeno para escribir me recordó al que tenía la escritora Maya Angelou, ella rentaba un cuarto de hotel exclusivamente para escribir…

Ojalá que pudiera darme el lujo de rentar un cuarto de hotel…

Pero es el tema de marcar límites, como el espacio y el tiempo, esto lleva a la mente creadora a aventurarse por nuevos caminos…

Cada vez entiendo más el acto de escribir como el acto de observar. Significa mucho el lugar donde estás. No soy una persona que arroje letras sobre la hoja de manera automática, sino que requiero de tiempo. Imagina estar ahí, sentado, sin que nada pase y que de pronto algo aparezca y tengas que moverte de sitio. Por eso escojo mis lugares con cuidado porque deben permitirme estar el tiempo necesario para que ahí, sentado frente al papel, en una dinámica con toques tortuosos, surjan las letras que busco.

¿Y este proceso ha sido el mismo desde que comenzó el grupo?

Empezamos muy jóvenes. Teníamos 17 y 18 años cuando hicimos nuestro primer disco. En ese momento escribir no era algo que deseaba hacer y que se convirtió en un deber porque estaba frente al micrófono y teníamos que escribir las letras. Con el paso del tiempo he descubierto que es un universo atractivo en sí mismo y espero estar aún en el proceso de descubrirlo. Aunque fue algo que se dio de manera fortuita, la actividad de escribir las letras se ha vuelto algo que me preocupa, que debo cuidar y explorar, para convertirlo en canción.

Después de más de diez años de estar tocando juntos ¿Cuál crees que sea la clave para mantenerse unidos como grupo?

También eso es un enigma para mí, pero si tuviera que detenerme en un punto, sería en lo importante de cuidar a tus cómplices de aventura. La esencia que nos une en Iceage es la amistad, que surgió antes de formar el grupo y aunque juntos hemos explorado el mundo donde hacemos música, creamos discos y tocamos en vivo, es el vínculo amistoso lo que nos domina. Por otra parte, debo señalar que desde el principio evitamos a toda costa dormirnos en nuestros laureles y si recibimos elogios los tomamos con cautela y preferimos enfocarnos a no permanecer estáticos, sino a seguir explorando nuevos territorios creativos en lugar de dedicarnos a hacer secuelas de nuestros discos previos.

Supongo que fue esta búsqueda la que los llevó a trabajar en la producción del nuevo disco con Sonic Boom de Spacemen 3. ¿Cómo sucedió esta experiencia?

Mientras trabajábamos con las canciones para el nuevo disco, alguien nos comentó que Sonic Boom había dicho en una entrevista que le gustaría que hiciéramos algo juntos. Nosotros somos fans tanto de Spacemen 3 como de todo su trabajo, así es que tenía mucho sentido esta colaboración. Me parecía fascinante la posibilidad de imaginar los escenarios sonoros que Sonic Boom lograría al encontrarse con nuestra música. Llegamos a Lisboa donde él vive y tiene el estudio de grabación. Trajo un montón de aparatos, pedales y diversos artilugios para experimentar pero también resultó estar muy atento y tener un espíritu cordial.

Leía que el estudio en Lisboa resultó ser también un reto ¿De qué manera influyó grabar el disco en este lugar?

Tuvo que ver, como comentábamos al principio, con la importancia de escoger el lugar y el ambiente idóneo para crear. El estudio estaba afuera de la ciudad, rodeado de castillos y contaba con el carácter y el espíritu que buscábamos, pero también, descubrimos después algunos problemas técnicos. A veces cuando las cosas simplemente no funcionan surge el momento de darle la vuelta al problema para buscar nuevas rutas para las ideas. Así es como sucedieron accidentes felices dentro del proceso, algo que siempre es posible cuando dejamos espacios para equivocarnos. No estoy seguro de qué manera influyó el espacio para desarrollar el sonido del disco, pero grabar ahí, con todo el aura de embrujo que nos acompañó, seguramente se coló y está presente en nuestras canciones.

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