EL SISTEMA PÚBLICO DE CIENCIA, TECNOLOGÍA E INNOVACIÓN MEXICANO AL DESNUDO

Por: Juan Antonio Taguenca Belmonte*

La ciencia y la tecnología no son un campo ajeno a la disputa de intereses ni en ellas abundan las personas que piensan en el bien común más que en el propio, lejos de ello los científicos y tecnólogos están distribuidos en el mismo porcentaje de gorrones y altruistas que la sociedad.

El sistema científico y tecnológico se constituye como un campo en disputa para la obtención de ganancias individuales. Estas se basan en la obtención de posiciones altas en la estructura institucional del propio sistema. 

Por ganancias no solo nos referimos a la extracción de recursos públicos para el bienestar individual, sino también al prestigio que da estar en la cúspide del sistema científico y tecnológico de un país.

El prestigio aludido se utiliza, además, para estar fuera de toda crítica, control y escrutinio público, y deviene en la excusa perfecta para no ser cuestionado en las decisiones que se toman sobre el manejo de recursos públicos.

No se puede decir que la ciencia y la tecnología vayan de la mano de la ética y de actitudes conformes a valores que propicien el interés colectivo. Lejos de ello, la ventaja y hasta el ventajismo forman parte intrínseca del sistema científico y tecnológico, en el que la ambición personal es predominante.

Lo dicho hasta aquí nos permite entrar en la torre de marfil del conocimiento especializado, que se aleja de la sociedad con un lenguaje críptico únicamente comprensible para especialistas que solo rinden cuentas a ellos mismos, y adentrarnos en la caja negra de lo que sucede en su interior.

La pregunta que hay que hacer no es la de qué se hizo con el dinero público que se gastó sino cuál fue su eficiencia y eficacia, es decir, qué beneficios obtuvo la sociedad en su conjunto de su aporte monetario al sustento del sistema de ciencia y tecnología.

En el tenor expresado, cabe preguntarse cuánto aportó y aporta el sistema de ciencia y tecnología público en México, aquí incluimos también la innovación financiada públicamente, al: Producto Interno Bruto per Cápita distribuido por grupos poblacionales, al desarrollo, a la disminución de la pobreza y la desigualdad, al crecimiento y al bienestar de los mexicanos. En una palabra, cuál es la relación coste-beneficio y cuál es el coste de oportunidad de lo invertido.

Se podrá aducir, de hecho se hace a menudo, que esta es una visión economicista demasiado estrecha y que la ciencia, la tecnología y la innovación tienen intangibles no medibles que generan sinergias positivas difíciles de cuantificar, y que al mediano y largo plazo coadyuvan al desarrollo y bienestar de la sociedad en su conjunto.

No negamos la certeza de esa aseveración, pero sí aducimos que ésta no puede considerarse una verdad absoluta que está por encima de la evaluación social y el escrutinio público.

Afirmamos que el criterio determinante de cualquier sistema de esta índole no es el de la liberalidad financiera absoluta de sus componentes y agentes, que en el extremo puede llevar a planteamientos de evaluación endógenos que se alejan de la propia finalidad de la ciencia y la tecnología pública.

La justificación del dinero bien gastado tiene sus límites y sus consideraciones, que aunque se prestan al debate público y político, tienen criterios racionales de delimitación que nos permiten situar los planteamientos espurios fuera de los determinantes de las consecuencias sociales.

En el debate público sobre ciencia y tecnología hay que plantearse una serie de dicotomías prevalecientes: interés individual versus beneficio colectivo; posición elitista versus ganancia general; utilización del recurso público teniendo en mente la posición y beneficio personal versus utilizarlo pensando en el retorno social; inversión pública con fines endogámicos versus rendimientos sociales.

La función de los planteamientos expresados en este artículo es dar claridad a lo que está sucediendo actualmente con el sistema de ciencia, tecnología e innovación en México: una crisis que enfrenta posiciones políticas y de interés, cuyos discursos enturbian más que aclaran lo que realmente está en juego.

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*Juan Antonio Taguenca Belmonte es Maestro en Análisis y Gestión de la Ciencia y la Tecnología y Doctor en Ciencias Políticas y Sociología.  

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