Cañonazos, llegaron los cañonazos….. Pachuca 30 años después

Fotografías: Luis Castillo

30 años son mucho, generaciones y triunfos prosiguieron, así como las corruptelas, todo parece muy natural. Pero hace 30 años no había Lozano, Caballero, Chaco, Aguirre, Almada, Profe Meza, Sudamericana, Pachus, ni nada cercano; fueron otros tiempos, cuando se podía asistir al estadio en familia, sin temor a nada. En aquel tiempo no existían las impresentables barras que ahora son un cáncer de los estadios del mundo.

En ese tiempo NO se jugaba con el escudo ni con la camiseta. Eso era importante, pues la camiseta era lo máximo, entonces era simple, pero a la vez un símbolo básico en identidad, rayas en azul y blanco sin más. Qué tiempos tan lejanos de lo contemporáneo, ahora lleno de elementos cutres como máscaras de luchadores o flores de cempasúchil en la camiseta que lo que busca es vender. Y lo impresentable, lleno de marcas por todos lados, como muestrario de material de construcción barato. Lamentable.

El olor a fritanga aún queda en la memoria, en las afueras del estadio Revolución se podía comprar un pescado frito rebozado acompañado de un agua de horchata o los generosos tacos de carnitas con algún “Chintarrias”. Y, por supuesto, las bebidas heladas en las afueras en el Momento Dorado de Don Chemo. Todo amenizado con el sonido local que a todo volumen repetía la canción “Cañonazos“ de El Súper Show De Los Vaskez, “Cañonazos, llegaron los cañonazos”, se oía al entrar al estadio, éxito original de La Sonora Matancera. Trompetas ahora llamadas vuvuzelas y banderas muy comunes desfilaban en ese rito dominical de mediodía cada 15 días.

Las cabeceras eran apenas andamios con tablas de madera de los que te cambiabas a cada tiempo para disfrutar de los goles del local. De lado de la Periodistas, siempre los mismos, los del privilegio los que mandan, ellos que podían tener sombra, a los demás el sol nos pegaba de lleno. Si no había plata podías verlos desde los edificios cercanos, algunos aún en obra negra o bien, el palco de más privilegio era desde el Cerro de Cubitos, se veía mejor que el último vomitorio del Bernabeu, confirmo ciegamente la información.

Aquel 14 de junio del 1992, los Tuzos consiguieron romper lo que hasta entonces era una maldición, hoy estamos en otra situación y se agradece, de ahí que perder una final como la de este año 2022, no daña en nada a aquellos que le debemos respeto a los colores. Por cierto, que cutre es eso de contarlas “vamos por la décima, vamos por la séptima”, muy ibérico eso. Pero bien, basta recordar que en los años ochentas y noventas, en tres ocasiones se tuvo cerca el ansiado ascenso. Primero contra la trinca fresara del Irapuato en el 85, ojo el estadio Sergio León Chávez fue mundialista en el 86, y hoy ni cerca de regresar a la máxima división. Después en el 86, ocurrió lo mismo contra las Cobras de Querétaro, equipo dirigido por el “Coco Gómez”, al final con un lamentable espectáculo de gas lacrimógeno. Y finalmente, en el 91, con aquel fatídico tercer partido en Puebla que terminó en una larguísima tanda de 22 penales contra el Atlante, en ese partido Félix Fernández fue el héroe anotando el penal definitivo.

Al siguiente año, una vez más Pachuca se citó en una final en casa. Durante la temporada 91-92 se mantuvo como líder general en todos los sectores, con 69 puntos en 38 jornadas, mayor cantidad de partidos ganados con 20, mejor ofensiva con 69 goles y de las mejores defensivas con 34 en contra. Además, la “Calaca González» fue campeón de goleo con 21 anotaciones. En mucho le agradezco que ser extremo me llegó por verlo jugar muchas veces.

Un buen cuadro dirigido por el Cuate Fal que contaba con elementos como Rolando Soto, Manuel Padilla, Juan Lino, el Gato Sandoval, Efrén Meza, Orlando Segura y el local Ángel Castañeda. Lo que me recuerda, ¿no habrá algún buen jugador de la ciudad que pueda ser nuestro símbolo?, seguro que sí, el próximo Totti, Gerard o Raúl locales, camina por la Doctores, la Morelos, el Palmar o el C. Doria, pero los buscadores de talento son obtusos y están apasionados por los externos. De ahí que pese a las criticas se agradece que el Atlético Pachuca busque gente local con talento, que hay, y mucha.

En esta ocasión el rival fueron los Cañeros de Zacatepec, que venían de una ventaja de la Selva Cañera con 2-1 obtenido en el mítico estadio Agustín “Coruco» Díaz, no era una empresa sencilla para la vuelta. Tras 90 minutos complicados, el local logró el empate con un gol de cabeza tras cobró de una falta en las afueras del área. Entonces, regresaban las sombras, se vivió un escenario similar a la del año pasado y nuevamente había que definir al campeón mediante tanda de penales, que llegó a la muerte súbita. El primer héroe fue Rolando Soto, quien detuvo el disparo de Jaime Ríos que ejecutó a media altura. Mucha gente ya festejaba el ascenso, aún faltando un penal. Y después vino el “Jefe” Padilla a cobrar el penal definitivo para conseguir el ascenso.